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Chumel: El clasirracista bufón mediático


Gibran Hernández


Es difícil entender cómo un cretino racista logró que hasta renunciara una funcionaria pública por tener el desatino de invitarlo a un foro sobre discriminación, cómo ese mismo cretino sigue sin entender por qué genera tanto repudio, cómo en lugar de ello se victimiza, hace su propio foro al respecto, cómo es que tiene tanta audiencia y cómo es que es famoso, pero tiene una explicación: ignorancia supina.


La razón por la que ese tipo saltó a la fama fue porque otro impresentable, Gabriel Quadri, retuiteó un mensaje vulgar de éste en el que atacaba al ahora presidente y entonces candidato, Andrés Manuel López Obrador. Así que nada de que el tipo ha sido jamás imparcial: sus ataques clasistas y racistas a la izquierda, sus descalificaciones y bufonadas mediocres siempre han sido la razón por la que ha recibido tanto apoyo. Supuestamente “simplifica” las noticias “con humor”, lo que traducido al castellano sería que vulgariza totalmente la información y la reduce a un sketch, a una guarrada que si bien sería aceptable como humor de borrachera, no lo es como fuente de información y formación política seria. Ese es el problema de gente como él y como Brozo: explotan la ignorancia, la vulgaridad, el mal gusto y los prejuicios más despreciables del mexicano para venderse, y desgraciadamente les funciona. Aún hoy día tiene fanáticos, defensores a ultranza, que creen que es indispensable que mantengamos ese bajísimo nivel de comunicación, ese humor mediocre y ridículo, esa banalización de todos los temas para que nos causen risa las tragedias, las infamias, y se crea que la crítica es insulto, difamación, ofensa, agravio y basta con decir que “es comedia” para que deje de ser importante si agrede a una persona por su color de piel, por su origen social, si degrada a el sector mayoritario de la sociedad, a los indígenas, a los pobres, etcétera.


Así es como se han creado toda clase de personajes deleznables de la comentocracia politiquera que insisten en que no debemos formarnos a fondo, no debemos hablar seriamente, no debemos hablar con propiedad, menos si somos mestizos y no somos pudientes. Y ya es tiempo de dejarles claro que no, que no pueden cobardemente agredir y después victimizarse cuando esa agresión viene de vuelta en forma de repudio social absoluto. Ya es tiempo de dejarle claro a los racistas y clasistas que no tienen ningún derecho a hacerlo, que sus pretextos y humor son inaceptables, que no se pueden escudar en la libertad de expresión, ni en la comedia, que nadie les compra su papel barato como falsas víctimas: no tienen cabida en el presente y no tienen derecho a descalificar a los que queremos subir el nivel de diálogo con sus payasadas de pubertos idiotas, menos cuando ya son más bien treintones y cuarentones.


Seguirán con sus diatribas e insultos en Twitter, en sus transmisiones y programas basura, haciéndose los chistositos entre sí y celebrándose mutuamente los prejuicios disfrazados de bromas, pero ya no lo harán sin que haya consecuencias: el rechazo tajante de la sociedad que está madurando a diferencia suya y que pide ya que la discusión política sea de altura, sin tener que llegar a la rimbombancia rebuscada de los pseudo intelectuales de la derecha, esos que inmediatamente se desdibujan riéndose precisamente de las vulgaridades de sus payasos más populacheros. Simplemente hay que mantenernos en la convicción de que podemos discutir sin recurrir al humor de letrina, podemos comentar una noticia sin que nos la diga “digerida” un cretino, debemos participar de la política y formarnos constantemente para poder ofrecer soluciones y no solamente decir una guarrada y creer que con eso ya se solucionó el mundo. Tendrán costo social las declaraciones irresponsables de los que inmerecidamente tienen quórum, únicamente porque hay muchos otros igual de ignorantes que ellos.


Si se le pide al tal Chumel que se calle es porque ha demostrado de sobra que no tiene nada inteligente que decir, no porque se le esté censurando.

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