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La falacia de la libertad como mercantilismo

Gibran Hernández

Los predicadores de la “libertad” de mercado tienen tiempo ya embaucando gente,  tergiversando el concepto de la libertad humana reduciéndolo a la mera libertad de comercio.


Es un reduccionismo economicista donde hacen del ser humano únicamente un consumidor-vendedor, sin más intereses que comprar y vender mercancías, que además ni siquiera deben ser lo esencial para su subsistencia, sino aquello que le produzca más ganancias. Ninguna otra cosa es importante y debe estar sometida al monetarismo, a su valor como mercancía. Para ellos las libertades políticas son financieras, no así la libertad de pensamiento pues si éste busca la justicia y paliar la desigualdad social entonces ya no es libertad, sino "comunismo genocida". Básicamente todo lo que no les acomode es socialismo-comunismo, términos que indiscriminadamente utilizan para descalificar lo que sea.


No sólo la ignorancia los guía, sino el sectarismo: en el mejor de los casos desconocen cualquier otra corriente económica e incluso no estudian a fondo la historia de la propia, de Adam Smith retoman sólo las frases que les son convenientes y omiten aquellas que son devastadoras para su credo, por ejemplo todas las de su obra “Teoría de los sentimientos morales”. Keynes para ellos es un comunista, siendo que fue a diferencia de Mises y Hayek, un exitoso capitalista que se hizo rico invirtiendo en la bolsa, mientras que sus profetas vivieron siempre del dinero público y la docencia.


¿Por qué se le hace caso a ésta ideología demagoga y fracasada que ha producido tanta miseria, daños ecológicos, desastres políticos y hasta dictaduras espantosas como la de Pinochet? Ésta última aplaudida no sólo en su momento por Friedman como ”milagro económico”, sino aún en el presente por los neoliberales más fanáticos, esos mismos que llaman comunismo a la socialdemocracia.


La libertad es un concepto filosófico que de hecho sigue siendo objeto de debate en la disciplina, pues algunos consideran que no existe como tal, pues las circunstancias y el contexto, predeterminan en gran medida lo que podemos elegir: nos condicionan. De la misma manera un niño que nace en la más terrible miseria no eligió de ninguna forma ese destino y por más que insistan con historias fantásticas de que con “buena voluntad, actitud y emprendimiento” ese niño “podría ser millonario” si así se lo propusiera, la realidad es que puede morir de hambre como ocurre con muchos de ellos, o vivir para sufrir más miseria, violencia y un entorno donde no podrá desarrollarse a plenitud, terminar como esclavo o en una maquila, ganando apenas lo necesario para sobrevivir. Y a ese esquema inhumano y rapaz donde ese sufrimiento de millones da ganancias billonarias a unos pocos que no quieren ni pagar impuestos, le llaman “libertad” los “libertarianos” y “liberales”, como les gusta ser nombrados, porque llamarles mercantilistas, utilitaristas y mezquinos seres sin empatía, que niegan la colectividad, el estado y la sociedad, supongo que no les agradará, aunque eso sean en realidad.


Y pese a todo lo anterior siguen vendiendo su ideología como la solución infalible de todos los males que su mismo recetario económico y político ha generado, porque cuando las cosas salen mal no dudan en culpar al comunismo, pues los más radicales han tildado de ser rojo incluso a Bolsonaro, una locura. Jamás es responsabilidad de sus decisiones si ocurre un desastre: “son los socialistas”


Por eso la presente invitación a no llamarles libertarios, ni liberales, ni a permitir que sigan aseverando todo estado o persona que no cree en sus falacias es porque “no cree en la libertad”. No creemos efectivamente que la libertad sea únicamente el lucro, el individualismo exacerbado y un pretexto para no pagar por los servicios que brinda el estado como contrato social colectivo de bienestar, pues esa es su función principal, no servir a los intereses de los privilegiados por el trabajo duro de las mayorías.

Queremos en todo caso ser verdaderamente libres de elegir sin estar condicionados por la desigualdad, para no tener como única esperanza ser otra de sus cursis y falsas historias de millonarios venidos del vertedero que por sí solos, sin siquiera quién les cambiase los pañales, “triunfaron a pesar de la adversidad”, mientras otros miles murieron de hambre y enfermedades curables.


Y que no se malinterprete ésto como siempre como estar en contra del comercio y del libre desarrollo de los individuos: esa es una dicotomía tramposa que siempre utilizan cuando se hace cualquier crítica a su credo y no tiene ningún fundamento. Lo que se pide es justicia, igualdad de oportunidades y responsabilidades, regulación de los precios, los monopolios y un ejercicio sano del gasto público que fomente el bienestar, la cultura, el arte, brinde seguridad: las razones por las que los seres humanos vivimos en sociedad, no para que unos pocos acumulen las ganancias del esfuerzo de todos sin ninguna restricción, ni esfuerzo.

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