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Balance electoral

He estado leyendo algunas retrospectivas supuestamente críticas de algunos compañeros articulistas más famosos y discrepo de sus conclusiones, por ejemplo aquellos que piden que se le hable a las clases medias aspiracionales en un lenguaje que puedan entender, infantilizándolos y quitándoles la responsabilidad ciudadana que les corresponde al emitir su voto.

¿Cómo es posible que los ciudadanos privilegiados con supuesta ilustración y un nivel de vida más cómodo tengan menos conciencia política y social que los campesinos, obreros, empleados y prestadores de servicios? ¿Cómo es que a éstas alturas los autoproclamados activistas sociales y políticos supuestamente radicales no sepan que el partido acción nacional tiene una agenda contra sus derechos y sus convicciones?

En el caso de Nuevo León por ejemplo, lamentablemente hubo una candidatura indefendible que ni siquiera debió darse para MORENA pero aún así la operación de la misma fue torpe y errática, únicamente para sacar de la jugada a otra potencial presidenciable por las ambiciones miserables de un grupo caciquil, aún con todo eso no le quita la responsabilidad al electorado local de haber elegido a un personaje impresentable, despreciable y reiteradamente envuelto en escándalos, que hace parecer a Peña alguien que al menos intentaba guardar las formas en el discurso: Samuel García ni siquiera tiene a bien guardarse su clasismo e ignorancia. Que alguien se vea reflejado en esos prejuicios dice mucho. Sin embargo es cierto, no tenían alternativa: todas las opciones eran pésimas.

Algo similar ocurrió desgraciadamente en la CDMX en algunas demarcaciones donde le dieron reelección a alcaldes que tuvieron un desempeño malo o deplorable y en cambio se les negó a otros que tenían todo el derecho de conseguirlo, si a eso sumamos la compra de votos que se ha denunciado y la operación tramposa de organizaciones de ambulantes u operadores facciosos que buscaron su beneficio personal traicionando al partido que están saliendo a la luz, tenemos los resultados nefastos que hubo en la capital del país. Aún así, Benito Juárez por ejemplo sigue siendo una alcaldía de derecha, aferrada al panismo que ya mejor deberíamos cambiarle el nombre a alcaldía Vicente Fox o Felipe Calderón: parece imposible ganarle a la derecha ahí por más mal que administren, por más que la desgracia del sismo fuera más tremenda allá porque los entregaron a la mafia inmobiliaria.

Y ahí hay que responsabilizar a sus electores, que son adultos, que se supone son de clase media, que se supone tienen estudios: simplemente piensan de esa forma y no habrá discurso que los convenza al parecer. Son voto duro del conservadurismo y no parece que vayan a cambiar de opinión.

Hay ciudadanos que sin importar cuántos escándalos tengan, cuántos de sus ex funcionarios estén en prisión, cuántos miles de millones desvíen a sus cuentas personales y cuanto odio y clasismo destilen, seguirán votando por la derecha, porque se sienten representados por ésta en su aspiracionismo, que ni siquiera entienden no tiene que ver con tener aspiraciones y ganas de superarse, sino con los delirios clasistas de creerse millonarios y superiores a los demás aunque viajen en transporte público y apenas lleguen a fin de mes, de la simulación y alienación.

No se puede ganar todo el país pero al menos se deberían poder conservar las demarcaciones que se han ganado con trabajo duro y honesto, respetando a la militancia y simpatizantes, en lugar de ver como su beneficio y reflectores personales los logros colectivos. Ya basta de los caciques y los operadores políticos taimados: es hora de que les quitemos el poder y los primeros que deberían entenderlo son sus subalternos. No obtienen ningún beneficio a largo plazo con sus lealtades a corruptos que sólo están retrasando la transformación nacional y minando las posibilidades de la izquierda en el país: si siguen en sus feudos se va a perder todo, incluidos sus cargos temporales de achichincles, que al parecer es lo único que alcanzan a valorar en su miopía política.

Se ganó gracias al trabajo duro del presidente, del gabinete y de los compañeros que han sido leales al proyecto de la izquierda partidista pero las ambiciones vulgares de los caciques y sus esbirros nos pueden costar el país a largo plazo, no debemos permitir que MORENA se vuelva otro PRD y se canibalice por culpa de politiqueros rancios que no tienen cabida en la democracia mexicana del siglo XXI.

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