Sin importar qué desgracia suceda en el país aprovechan para llevar agua a su molino y hacer golpeteo, toda la gente con un poco de criterio lo ve, por eso es que no remontan, ni remontarán electoralmente como pretenden.
Aún así, persisten en su miseria carroñera y oportunista, acosan a sus contactos, vociferan, insultan, y como ven que nada les funciona, patalean. Desde el aspiracional de arrabal hasta el empresario corrupto, pasando por el político criminal, toda la derecha está pendiente de que falla pequeña o tragedia grande ocurra para ver como retorcerla en contra de la cuarta transformación, el presidente, su gabinete, cómo le pueden sacar dividendos, votos, publicidad para sus desangelados candidatos, etcétera.
Si en cambio se les habla de los desvíos a a Andorra, de la estafa maestra, de sus funcionarios coludidos con el narcotráfico, el robo de combustibles, y todo el rosario de corruptelas por las que perdieron el poder, ahí guardan silencio sepulcral o salen con la cantaleta ridícula de que todos son iguales, pero vota por el mío, dale otra oportunidad que ahora sí vamos a hacer bien las cosas, aunque apenas hace unos días hayan tenido otro escándalo que sus medios minimizan o simplemente no mencionan.
Por eso es que no van a lograr nada excepto más repudio y seguirán al fondo de las encuestas, porque la gente no es tonta y sabe que sólo quieren volver a hincarle los colmillos al presupuesto: no olvidemos que hasta los cubiertos de la ex-residencia oficial de los pinos se robaron al final de su administración y hasta arrancaron el mobiliario de la cámara de diputados. Son vulgares ladrones sinvergüenzas y quieren equiparar una pifia o una mala decisión a una vida de crimen.
Por el bien de la nación jamás deben volver al poder: no les interesa en lo más mínimo el bienestar social, ni tienen vocación para la función pública, sólo son vividores del erario.
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